Análisis de BioShock Infinite (PS3)

Carátula BioShock Infinite

Fecha de lanzamiento: Desconocida

Características: PS3-Acción-Shooter-1º persona-Fantástico

 

Imagen 8 de BioShock Infinite

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Imagen 2 de BioShock Infinite

Imagen 1 de BioShock Infinite

Análisis publicado el 20-05-2013 por HDLL.

Este título ha sido analizado mediante una “D-Review”, un concepto que hemos creado para hacer más amena y directa la lectura, evitando detalles superfluos y citando los que consideramos más relevantes tanto para lo malo como para lo bueno. En otras palabras: nos ahorramos la paja que no aporta absolutamente nada y potenciamos lo que realmente busca el jugador en términos cualitativos. Esperamos que os sea de utilidad.

Lo amamos:

Columbia: La lucidez de Ken Levine a la hora de atreverse a imaginar Columbia y crear cada elemento que la compone es loable. La carga ideológica que nos fascinó en el primer Bioshock también está presente en esta nueva entrega, aunque representada a través de una forma y un contenido radicalmente opuesto. Sin duda, se trata de un verdadero alarde de talento de un sobresaliente Levine.

Nos gusta:

La historia: El misterioso argumento de Bioshock Infinite nos pone en la piel de Booker DeWitt, quien vuela hacia Columbia, una ciudad en la que todos se rinden a los pies de un profeta visionario llamado Comstock, con un objetivo: arrebatarle su hija a este para concluir una deuda. En general es una historia sólida que nos ha mantenido pegados en la pantalla hasta el final del juego, siendo dicho final un epílogo cuando menos impactante (es esencial ver la escena tras los créditos). Olvidémonos de la tónica argumental de Bioshock 1 porque poco tienen que ver ambos planteamientos, si bien es cierto que las referencias a este son cuantiosas. En síntesis, puede decirse que Infinite plantea una historia menos distante que la del primer capítulo, muy semejante a la fórmula que utilizan las series americanas de mayor éxito, en busca de capturar la mayor cantidad de consumidores posible.

Comstock: El aura que rodea al profeta de Columbia es especial, diferente, típico de un personaje que tardará mucho en ser olvidado en la historia de esta industria. Sus excelentes actitudes como orador y su complejo ingenio lo convierten en la pieza fundamental de Infinite.

Los voxáfonos y la información adicional: Los voxáfonos son grabaciones de audio que distintos personajes han dejado dispersas por toda Columbia, aportando información adicional sobre el desarrollo argumental. Su problema fundamental es la cantidad de spoilers que pueden llegar a reventarnos la historia, como veremos en el apartado “Definitivamente, lo odiamos”. Pese a que son los elementos de información adicional más importantes, existen otros como las proyecciones repartidas por toda la ciudad que narran la supuesta historia de Columbia a través de imágenes.

Numerosos guiños a Rapture: Se ha repetido varias veces, desde que el proyecto de Infinite salió a la luz, que no se necesitaría haber jugado a Bioshock 1 para conocer la historia de esta última entrega, y es cierto. No obstante, el juego está plagado de referencias a todo lo que se coció en Rapture, e incluso Columbia es el polo opuesto de la ciudad submarina, por lo que si no tenemos conocimientos del primer juego, nos perderemos muchos detalles. Aunque esto pueda ser un hándicap para disfrutar totalmente Infinite, lo cierto es que nos gusta esa misteriosa conexión entre Columbia y Rapture.

Ante todo, entretenido: A pesar de que la jugabilidad tiene serias limitaciones (como apuntaremos en “No nos gusta”), Bioshock Infinite es un juego francamente divertido. La poca diversidad jugable que ofrece la cubre con un ritmo trepidante y un argumento que nos invita a seguir hacia delante superando cuantas hordas sean necesarias.

Los raíles aéreos y el golpe cuerpo a cuerpo: Estos peculiares caminos flotantes nos permiten dar mayor dinamismo a los tiroteos, pudiendo recorrerlos y cambiar de dirección con una facilidad muy acertada. Por otro lado, la introducción de un efectivo golpe cuerpo a cuerpo anima las confrontaciones y nos ayudan a evitar quedarnos vendidos cuando tenemos a un rival en nuestras narices, o cuando, simplemente, no nos da tiempo a recargar. Es una lástima que estos dos sean los únicos elementos jugables que ofrecen cierta diversidad en el constante cruce de pólvora, habida cuenta del nuevo fracaso de los poderes.

El duro modo 1999 y la rejugabilidad: El modo 1999 nos aporta un nivel de dificultad superior a lo visto en la primera partida como aliciente principal para volver a recorrer la ciudad de Columbia. Por supuesto, encontrar más detalles de la historia es otro de los puntos fuertes que hacen de Bioshock un juego moderadamente rejugable, al menos una partida más.
 
El apartado técnico: En PC, el apartado técnico de Bioshock Infinite es imponente. En la versión de consolas de sobremesa, si bien la experiencia técnica no es ni de lejos parecida, sí que es muy buena considerando las posibilidades que la actual generación ofrece a estas alturas de su declive. Goza de buenas texturas y una fluidez holgada para afrontar la aventura sin problemas.
 
Artísticamente brillante: El apartado artístico también refulge, presentando una Columbia fascinante tanto en su escasa vertiente amable como en la oscura, que domina la mayor parte del título. El modelo de los enemigos raya a buen nivel, pese a que se queden lejos de las magníficas recreaciones del Bioshock original. Abundan los enemigos definidos con formas humanas y escasean severamente enemigos perturbadores como los splitters o los Big Daddies de Rapture.
 
La banda sonora, los efectos de sonido y el doblaje: El aspecto sonoro presenta un buen nivel en general, con composiciones muy afortunadas y unos efectos a la altura de las circunstancias, siendo fundamental para alcanzar el clímax en algunos tramos de la historia. Por su parte, el doblaje, en español, es excelente.

Ni frío ni calor:
 
Elizabeth: Se nos prometió una experiencia que nos conectaría de manera muy especial con la joven acompañante de Booker, pero la realidad es que no pasa de ser un personaje más dirigido por la máquina. Sus intervenciones carecen de ingenio y de brillantez, y sus aportaciones jugables no van más allá de lanzarnos municiones, botiquines y alguna que otra moneda.
 
Booker, el parlante que no dice nada: Bioshock Infinite rompe la sintonía del protagonista silencioso de la que Bioshock 1 y 2 hicieron gala. Pese al cambio, las aportaciones de Booker tienen una nula importancia en el transcurso de la historia. No comprendemos demasiado este cambio que, siguiendo cierta lógica, debería haber influido en una elocuencia que no existe.
 
Decisiones sin efecto en un final predefinido: Debemos tomar poco más de un par de decisiones a lo largo de juego, pero ninguna de ellas tiene un trasfondo especial en una historia que se cierra con un final único sin ninguna alternativa.
 
No nos gusta:
 
Deterioro de los orígenes, sin posibilidad de regreso: Si bien el juego en su globalidad ha progresado, se ha borrado violentamente cualquier posibilidad de que la saga se convirtiera en lo que el prístino Bioshock nos dejó ver. La acción se multiplica y el argumento lo racionaliza todo hasta un punto en el que el misterio de la Rapture inicial queda en aguas de borrajas.  Es una verdadera pena.
 
Un shooter puro y poco original: Como ocurría en Bioshock 1, pero en muchísima mayor medida ahora, Infinite exhibe un canon jugable de pura acción, más intensa que la de la primera entrega, con el único variable reseñable de poder colgarnos de los raíles aéreos para movernos por los escenarios al aire libre, detalle anteriormente citado. Los poderes han ganado sólo un poco más de importancia, siendo poco útiles a largo plazo para cualquier otra acción que no sea despistar o aturdir al enemigo. ¿De nuevo tantos poderes y sus respectivas mejoras para terminar dándole un uso marginal?
 
El sistema de mejora de armas: Aún inmaduro, el sistema de gestión y mejora de armas no ha explotado del todo. Se mantiene una fórmula parecida a la del primer Bioshock, comprando las mejoras en máquinas expendedoras, al igual que lo hacemos con los objetos curativos, las distintas municiones, etc. Echamos en falta un árbol de mejoras de las armas con habilidades especiales más allá de mejorar la precisión o aumentar el daño. ¿Por qué en un mundo plagado de tecnología puntera y poderes alucinantes las armas siguen siendo tan simplonas como siempre? En este sentido, la saga tiene mucho que mejorar.
 
Pasillero como nunca: Es complicado perdernos por Columbia porque el título que analizamos propone una sucesión de pasillos sin posibilidad de extravío alguno, obliterando cualquier mínima exploración. Si a algunos les parecía poca la libertad que ofrecían los dos primeros Bioshock, que se prepare para algo mucho peor.
 
Definitivamente, lo odiamos:
 
Lo spoileante de la trama: Bioshock Infinite tiene uno de esos argumentos en cuyo transcurso se suceden numerosos spoilers delante de nuestra cara. La cuestión es que, al desconocer el final, todo suena a chino. Incluso es un punto valorable que en una segunda partida nos quedemos asombrados con lo bien que conecta todo. El problema es que si estamos atentos podemos imaginarnos una parte vital de la historia a una altura muy temprana de la misma, lo cual puede estropearnos considerablemente la experiencia. No hubiese estado de más hacer los diálogos claves más abstractos y, especialmente, eliminar algún voxáfono tremendamente revelador para evitarlo.
 
Valoraciones:
 
Argumento: 9’5
Intrigante, robusto y con un final que culmina perfectamente la línea ascendente del argumento. Eso sí, no esperemos un estilo ni siquiera lejanamente parecido al del Bioshock original.
 
Jugabilidad: 6’5
Excesivamente lineal, con poquísimas variantes, pero tan intenso y vertiginoso que es difícil no divertirse con él.
 
Apartado técnico: 9
Brillante en PC y cerca de los límites de las consolas de la actual generación. Artísticamente también destila una calidad abrumadora.
 
Apartado sonoro: 9
Perfectamente adecuado a lo que Infinite requiere en cada momento. Asimismo, el doblaje en español es excelente. 
 
Nota final: 8
Bioshock Infinite es un entretenido título de acción, cuyo pecado principal es el de ser excesivamente repetitivo en la mecánica sin ofrecer una diversidad lo suficientemente holgada como para considerarlo ni siquiera notable en este sentido, pese a ser muy entretenido. A cambio, ofrece una apartado técnico y artístico que raya a gran nivel y un argumento que atrapa al jugador y lo arrastra hasta un final muy impactante, si es que antes no hemos intuido al menos la mitad de la resolución debido a los nefastos spoilers que el propio juego nos suelta a diestro y siniestro. ¿Que para qué tipos de jugadores es recomendable Bioshock Infinite? Siendo sinceros, para todos.

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Jugabilidad: 6.5
Gráficos: 9
Música y sonido: 9
Edición española: 10
Historia: 9.5
Nota final: 8

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